24 - 03 - 10  
 

24 de marzo de 2010. Av de mayo es un mundo. Miles de banderas, miles de personas, una sola consigna: la memoria. Nuestra pequeña comunidad de cueros, mazas y palos forma parte de esto una vez más.

Como todos los años miles de personas se congregaron en la avenida de mayo para que no se olvide. Entre banderas, cánticos y fotos de los que ya no están los tambores también se hicieron presentes. Sí, como en casi toda marcha, los bombos y redoblantes de protesta dejaron oír su voz de tumulto. Acompañaron el avance de las banderas y las columnas y dieron marco a los cantos en contra de quien hubiera que cantar. Siempre presente, el bombo y el redoblante de la protesta.

Como pequeña comunidad que somos, la comunidad de la percusión, no encontramos en el bombo de la protesta un representante. No lo sentimos nuestro, porque no es de nadie. O más bien, es de la protesta. Lleva en su parche toda la ira y la agresividad del oprimido que se cansa. Y suena fuerte, junto a una bandera.

Nosotros, el 24, no teníamos más bandera que nuestros ritmos. Y en ellos no se escuchaba ira. Más de 300 tocadores, separados más que nada por el estilo y el origen de la música que hacen, se dieron cita para avanzar, cada uno con su grupo, sus ritmos, y su camino, hasta la plaza de mayo.

- ¿Por qué, como comunidad, la marcha de la memoria nos atrae tanto?
- ¡Es la venganza de los negros! – me dice Juan Pedrotta, de Pa Cumbirí. Y puede que algo de razón tenga. Juan inició la convocatoria para que este año también hubiera una columna de percusión del África occidental en la marcha. Y como si nada, se le juntaron 90 personas, muñidas de djembes, dun duns, semillas y uno hasta con un carrito del supermercado adaptado para llevar sus tres tambores.

- Yo solo mandé un mail, y el resto se fue dando solo.
Prueba, sin lugar a dudas de que la marcha de la memoria nos atrae. Nos llama. Nos pide que participemos. Este año, con una nueva columna, la del África occidental.

- Hace muchos años atrás no era fácil participar. – Dani Buira, director de la Chilinga, nos comenta un poco sobre su experiencia. La Chilinga participa casi desde su creación, hace ya casi quince años, junto a HIJOS. - Terminaban mal las marchas, con corridas y golpes de la policía, no había un apoyo del gobierno y además infiltraban gente para hacer lío. El encuentro con hijos lo arreglábamos horas antes para no dar detalles. Este año la Chilinga encabezó la marcha, acompañado como siempre de un grupo de casi 100 bailarinas, autoconvocados de todas las escuelas de danzas afro de Buenos Aires. Las bailarinas iban en el medio, de violeta. Los tocadores en dos columnas las flanqueaban, de rojo. Era una imagen espectacular.

- La escuela no participa de marchas políticas, pero siempre estuvo claro que esto no era una marcha, sino un momento de conmemoración único y necesario.

Esta parece ser la opinión de todos los percusionistas que participaron en esta marcha. Un claro ejemplo es el de Los tambores no callan. Para esta marcha, como para la anterior y para varios festivales de tipo social, el mundo del candombe se reúne bajo esta bandera. Gente de todas las comparsas de la ciudad se suma con una remera blanca a tocar candombe por una buena causa. Para la marcha también había cerca de 100 candomberos avanzando hacia la plaza.

- Pero no solo emociona la cantidad, si no sobre todo la calidad del encuentro, el respeto, la buena energía, la comunión, la horizontalidad.- Nos cuenta Diego Cueto, uno de los iniciadores de este movimiento - Cada uno sabe porque estuvo en la marcha, no puedo hablar por todos...desde mí, creo que la presencia de los tambores, tan ligados a la alegría y a la rebeldía, vuelven mas potente la presencia en las calles. Pero creo que eso no se sostiene si dentro de la cuerda no existe respeto y solidaridad. Participar y exigir por un país donde se respeten los derechos es coherente si lo ejercemos en lo privado y una cuerda de tambores es un micromundo que nos refleja.

No solo estuvieron estas convocatorias, si bien de por sí fueron las mas grandes, la gente del Choque Urbano se presentó con sus latas y tambores de deshechos y desfiló junto a los chilingos y bailarinas; la gente de Tumbalatá y Enroque Tambor le pusieron samba a la avenida Mitre, cuando ya la avenida de mayo estaba demasiado abarrotada como para que se avanzara por ahí. Y probablemente otros grupos mas pequeños anduvieron circulando y pasaron bajo el radar de este cronista que, a pesar de correr de un lado a otro intentando no perderse nada, solo puede estar en un lugar a la vez. Para todos ellos, los hayamos nombrado, o no, nuestro aplauso y felicitaciones. Es cierto que tocamos ritmos diferentes, es cierto que tenemos nuestros divismos y separaciones. Pero nuestros ritmos son voces que llegan del pasado, y ninguno de nosotros es insensible al llamado de la memoria; porque cada vez que tocamos, dejamos que se escuche la voz de los que vinieron antes, la voz de los que ya no pueden hablar. Y como incipiente comunidad, la marcha de la memoria, no puede menos que ser nuestro rito principal. Ese que nos da identidad. Ese momento en el cual ponemos nuestras diferencias de lado y tocamos. Para que no se olvide, para que todos aprendan a escuchar, las voces de los que todavía hablan, aunque ya no están.

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Matias Gayesky
Mayo 2010
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El 24 de marzo, con motivo del 34º aniversario de la última dictadura militar, se celebró el Día Nacional de la Memoria por la Justicia y la Verdad, y una vez más la Plaza de Mayo se llenó de personas que quisieron hacerse presente para repudiar uno de los peores momentos de nuestra historia y para recordar y homenajear a los 30.000 desaparecidos víctimas del terrorismo de Estado.

Desde la danza afroamericana y los tambores muchas chicas y chicos se sumaron apara acompañar a la agrupación H.I.J.O.S. -Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio)- y abrirles paso hacia la Plaza. Las bailarinas estaban vestidas de color violeta, ya que este color representa a la Orisha Nana, que significa gran madre o abuela, en homenaje a las miles de madres y abuelas que sufrieron la desaparición de sus hijos y nietos respectivamente. Además, las protagonistas tenían en sus remeras un graffiti dibujado que decía “Juicio y Castigo con la silueta de un militar”.

La propuesta de danza y percusión no era repetir slogans políticos, ni llevar banderas sino hacer uso del cuerpo y del arte para manifestarse y comprometerse desde un lugar expresivo y sensible. El objetivo era impulsar un lugar de expresión colectiva, abierto a todos los que desearan formar parte y que se sintieran identificados con esta manera de recordar nuestra historia. Los pasos que realizan las bailarinas no son azarosos, ya que son previamente elegidos y tiene un por qué y están contando algo en particular. Es por esto, que no es una coreografía más, porque tiene una intención y significado especial.

Las bailarinas van marchando y bailando aproximadamente 5 cuadras hasta llegar a la Plaza. Los pasos se van reiterando y todo el tiempo están siendo acompañadas por los tambores de La Chilinga. Salvo el momento en que se hace un absoluto silencio y las bailarinas forman una especia de red humana –difícil de imaginar a través de estas líneas- convirtiéndose en cuadro sumamente conmovedor, no sólo para los espectadores sino también para las protagonistas que dijeron “se nos puso la piel de gallina, fue algo increíble, es una experiencia única bailar en la calle, hacer del arte algo público y político”. Esa red tenía el fin de representar la unión, tanto de madres y abuelas, que se juntaron para pedir justicia en la búsqueda de sus familiares secuestrados.

El Grupo de danzas afro Oduduwa, conformado por 5 mujeres, es el responsable y creador de esta idea de marchar bailando e invocando a Orixas de la mitología Yoruba para homenajear y recordar a los desaparecidos de la última dictadura militar. Comenzaron hace 10 años, cuando sólo eran algunas pocas chicas las que elegían esta manera de estar presentes, hoy son más de 200 personas las que se suman y optan por esta forma de hacer memoria y decir nunca más. La convocatoria es libre a toda persona, que con experiencia en danzas o no, puede sumarse a los ensayos en el Planetario un par de semanas antes de cada 24 de marzo.

En los tambores estaba la agrupación La Chilinga, una escuela popular de percusión, que dirige Daniel Buira, quien desde 1995 acompaña a la agrupación política H.I.J.O.S. haciendo la música de sus marchas. La convocatoria de los músicos funciona de forma similar a las bailarinas, todos los alumnos de la escuela, independientemente del nivel u horas de ensayo y práctica que tengan, están invitados a sumarse con los tambores de la escuela.

El 24 de marzo mostró el compromiso social desde un nuevo lugar que está creciendo cada vez más y es la expresión a través de los cuerpos y el arte relacionado con la cultura afro. Son antiguas prácticas culturales de la religión Yoruba, que resignificadas cobran sentido y tienen la intención de contar algo nuevo dentro de nuestra cultura.

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Maria Herrera
Mayo 2010
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