Charlas con Musotto
(tercera parte): El mundo

 

 

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Ya salimos del hospital. Las radiografías se ven bien, la antitetánica está haciendo su trabajo y decidimos caminar, mientras seguimos charlando.
" Yo llegué a Salvador ya con una formación. Había tocado en la orquesta sinfónica, leía música."

M- Vos tenías una formación clásica.
R- Claro yo escuchaba free jazz, rock & roll, folklore argentino. Había escuchado mucho. Entonces siempre intentaba tocar otras cosas. En esa época me nutrí con esa cosa popular bien formateada que es la música tradicional  que es toda llena de arreglos, y nombres y cosas y finales y comienzos y frases; y al mismo tiempo quería inventar mis cosas. Después empecé a trabajar mucho. Durante veinte años trabajé muchísimo como percusionista, viajando mucho. Ahora hace cuatro años que estoy consiguiendo vivir de mi propia música. Porque antes yo vivía grabando y tocando para otros. Entonces ahora estoy en un momento que estoy contento por eso.

M- Porque además con tu música estás viajando por todos lados
R- Estoy viajando, estoy consiguiendo vivir.

M – Y decime ¿cómo se ve la percusión en el mundo, más allá de los que ves en Brasil?
R - Yo creo que es una tendencia mundial, un poco. Yo creo que la percusión estuvo mucho tiempo en segundo plano. Desde las orquestas sinfónicas el percusionista era casi tratado como un no-músico, un colaborador ahí, que tocaba el bombo, los timbales. Siempre la música europea es fantástica, todo; pero no tiene una tradición percusiva. Y si la tuvo la iglesia católica la mato, es lo que dicen. La iglesia católica llegó matando con todas las tradiciones folclóricas de Islandia, de escandinava, de Italia, de Francia con los trovadores. Una riqueza impresionante que había ahí. Y la iglesia católica salió arrasando con todo e imponiendo su música, su canto gregoriano, sus cosas que no tenían percusión. Por un acaso, no tenían percusión. Y después la percusión siempre estuvo relacionada a los pueblos sometidos. Los pueblos sometidos tenían percusión. Los árabes tenían percusión, los negros tenían percusión. Se ha creado como una especie de racismo hacia la percusión y una cosa de que la percusión es espontánea. En Brasil se los llamaba ritmistas, no músicos. Siempre ganaron menos que el músico. El músico ganaba 100, el percusionista 40 y el plomo 50. Era medio así como que el percusionista iba y tocaba. Y todo eso se está dando vuelta. Se está descubriendo que en África la percusión es una cosa seria. Esa historia de la percusión relegada a un segundo plano es una historia también de sometimiento cultural, de prejuicio. Entonces ahora, si estamos caminando hacia un mundo más abierto, en el que la gente mira las cosas con otros ojos. La percusión está subiendo a flote y la gente, al estudiar, se da cuenta de que no es joda.

M – ¿En Europa también?
R - A mi me llamó la atención. En Brasil, en este momento, en Bahía, particularmente,  hay una crisis de batucadas. Por eso que te contaba del trío eléctrico. En Salvador de Bahía, fundamentalmente, hay pocas batucadas, en comparación con cuando yo llegué. Las asociaciones carnavalescas que optan por la batucada no tienen ningún tipo de incentivo. Todo el mundo se interesa en las que optan por un trío eléctrico. Entonces las de batucada tienen que ponerlo arriba de un trío eléctrico, porque si no, no las escuchan. Y eso es chotísimo,  porque uno está en el carnaval y no la ve, está arriba, no está en la calle, no lo ves al tipo dándole, tocando. No ves 100 personas, o ochenta o treinta, lo que sea, en la calle tocando. Son muy raras las batucadas. Y cuando las ves están mal organizadas. Hay pocas que son buenas, ponele cuatro. En una ciudad como Salvador tendrían que haber cien.

M – Sí, yo siempre me imaginé Salvador como el paraíso de la batucada.
R – Están mal organizadas. Los instrumentos, los ves, no están bien. Igual tocan bárbaro. Y uno llega a Europa, yo voy a dar cursos en Europa. Y la batucada europea, es una cultura de batucada que yo no sabía que existía. Lo mismo que pasa acá en buenos Aires pasa en Zurich, en París, en Helsinki, Estocolmo, Berlín, Toulouse, Marsella, ¿entendés? Es increíble. En Lyón, por ejemplo hay veinte batucadas. Yo di clases en Lyón. Hay encuentros de batucadas, hay concursos de batucadas en Francia. En Londres, las batucadas que hay en Londres, en Liverpool. En Noruega hay batucadas. Y vos llegás a esas batucadas y ves todo lo contrario a Brasil. Claro que algunas suenan mejor que otras. Algunas que no suenan con onda y son, una terapia semanal. Pero hay otras que tocan juntas hace quince años. En Helsinki hay una que está junta hace 20 años.

M- Uno se imagina la batucada de Helsinki de rubios de ojos celestes tocando en la nieve.
R – Tocando espectacular. Las de Helsinki son las mejores batucadas que hay, allá. Siempre que hay campeonatos ganan todo. Helsinki es terrible. Y en el interior de Finlandia, en Tampa, en Turko, que son las ciudades como si te dijera Durazno en Uruguay, hay batucadas también. Primero, allá el gobierno te apoya, todo lo contrario de Salvador. Una sede para la batucada es lo más fácil. Vos te inscribís y tenés derecho, capaz que tenés que esperar cuatro meses, pero te dan una sala en algún lado. Si vos tenés un proyecto no comercial, comunitario, como quieras llamarlo, una asociación un club o lo que quieras te dan una sala. Entonces en Zurich o en Finlandia las salas son bunkers. En Zurich hay bunkers por todos lados, y en Finlandia también. Llegás tienen toda una sección de redoblantes, toda una sección de repique. ¡Las correas que tienen! Las correas son impresionantes. Los tapones de oído. Unos tapones de oídos alucinantes. Todos tienen  tapones de oídos, no hacen un golpe sin tapones. Y son hechos a medida. O sea: se organizan. Uno ve eso y empieza a imaginarse cosas. Estos tipos van todos los años a Brasil, estudian. Yo aprendo, yo voy a Finlandia y aprendo. “Ah, viste el nuevo redoblante de la Salgueiro. La escola do Samba, del año pasado, que hicieron una llamada diferente” Tienen grabados los ensayos. Yo voy a enseñar Bahía y aprendo Río allá con ellos. Yo pienso que la batucada se está convirtiendo en una música universal. Hay muchos de esos tipos que tocan bárbaro, que ni fueron a Brasil. Imaginate como será los hijos de esos finlandeses dentro de 30 años. La batucada es un poco una música universal. Es fácil de tocar, y también difícil. Uno puede especializarse en batucada y nunca llegar a tocar realmente como un mestre de batucada, es difícil. Al mismo tiempo un tipo que no toca demasiado bien puede tocar en la misma batucada. Una batucada de diez personas puede incluir tres profesionales grosísimos, tres que mas o menos y cuatro que están Din, Dun, Din, Dun, que tienen ritmo, que tienen onda, pero que no tienen técnica ni nada y tocan una vez por semana y nada más. Y pueden tocar en el mismo bloque. Es re loco y está buenísimo. Entonces es un poco, tal vez exagerando, como el rock & roll fue en una época, que uno se compraba una viola y hacía tres acordes, y podía tocar una base de Rock o de Blues y cantar mas o menos. Lo que pasa es que el Rock vino acompañado de toda una cosa cultural, ¿no? Pero es un poco que se desparrama fácil la batucada, así como el Rock.  Está bueno, a mí me gusta la batucada. Me parece algo lindo, creativo. A los chicos les gusta. Si a los  chicos les gusta algo bueno debe tener.
Ya comienzo a ver que nuestro tiempo con Musotto se agota, y no quiero dejarlo ir sin antes volver a casa.

M - Decime, Ramiro, ya para ir terminando ¿Cómo ves la percusión acá, en este momento? Yo sé que vos, en su momento te fuiste de acá porque no veías un espacio para la percusión, para desarrollarte como percusionista.
R- Claro, no, había muy pocos percusionistas en esa época. Se contaban con los dedos de una mano, eran muy buenos también, pero eran pocos. No había movimiento. Y a mí me gustaba la música brasileña. No sé si en este momento me hubiera ido, o me hubiera ido después, o me hubiera venido a Buenos Aires a  estudiar con otras personas. Yo creo que en este momento en Buenos Aires, por lo poco que veo, me parece que hay un movimiento enorme. Un montón de grupos de todo, organizados. Salen a flote las tradiciones de las escolas de samba de la frontera, de los candombes, murgas. Lo veo fantástico. Yo cuento eso en brasil, en Europa. “¿Y en Argentina qué onda?” En Argentina hay muchísima percusión, hay muchísimos percusionistas.

Y así termina nuestra entrevista con Ramiro Musotto. Puedo decir que me despido orgulloso de haberlo exprimido todo lo que pude. Y con la total seguridad de que ya habrá otra oportunidad para charlar nuevamente.

 

Matias Gayesky

 

 

 

 


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