Marcha

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Como todos los años, el pasado 24 de marzo tuvo lugar la marcha por la memoria. Como todos los años, también esta vez, es imposible despegar la memoria del ruido de los tambores. No me refiero a los bombos que inefablemente acompañan a cada columna de cada partido, no. Escuelas y grupos de percusión de toda la capital se dieron cita una vez más, para que nunca se olvide y para que nunca se repita. Aquí recogemos las voces de algunos de los cientos que ese día, eligieron hablar con sus tambores.

Apurémonos que no llegamos. Trajiste llave? Tenemos las remeras? El sol de la tarde y los tambores nos esperan. Llegamos. Somos 5, 8, 13, 19, 20, 27, 32, 35.... Los tambores ya están. Cueto y & Cia le dan forma de cuerda, los acomodan y los presentan. Pasan batucadas. Pasan columnas políticas. Pasan familias. Hace calor. El sol quema el asfalto. Pasa más gente. Hay lugar. Arranca el candombe. Pasamos nosotros.
Pablo Bendayan

Tambores que danzan, llaman, esperan. Tambores de chapa y madera, de tierra y de aire. Tambores que luchan, unen, adhieren, susurran gritan y cantan. Tambores que cuentan verdades ancestrales.
Los tambores se nutren con los que no están y con los que vienen; con los que aparecen, y con las nuevas generaciones, que crecen sabiendo que la memoria no se negocia, ni se decreta; no se la oculta ni se la evade. No hay agujero que la contenga, no existe sombra que la oculte ni pared capaz de encerrarla.
La memoria, como un tambor, danza, llama y espera. Lucha, adhiere, susurra grita y canta.  Marcha roja en sus manos de lucha y el tambor es su voz y es su arma. Y grita frente a todos sus verdades ancestrales.
Ariel Zanone

Participar en la marcha junto a la Chilinga, no deja de emocionarme año tras año. En este en particular fui sorprendido gratamente por una situación que tratare de compartir con ustedes.
Al concluir la marcha, volvía por Av. de mayo para tomar el subte, caminaba e iba observando las distintas banderas de las distintas agrupaciones que marchaban a la plaza, pasaron una cantidad considerable de agrupaciones cuando de repente veo a lo lejos un hombre mayor, de unos 80 años, sosteniendo junto a otra persona un estandarte, que se notaba que era bastante pesado. Al ir acercándome veo que me hace un gesto como llamándome. “Chau,” dije yo “me quiero ir y este me va a pedir que le lleve el estandarte y no le puedo decir que no al pobre viejito”. Me acerco como para tomar la caña del estandarte cuando me toma del brazo y me dice.- Que bueno que allá jóvenes así… cuando tocaban se me hacia un nudo en la garganta. Acto seguido el nudo paso a mi garganta y me fui caminando con una especie de orgullo que me hizo caer en lo que podemos llegar a lograr con nuestros tambores, siempre tuve la idea de que podíamos divertir, animar una fiesta, o hacer ruido pero ahora tengo la certeza que los tambores hacen emocionar tanto a los que los oyen como a los que los tocan. Por eso ¡QUE NO CALLEN LOS TAMBORES!
Edgardo Porrale

Participar de un día tan importante como el 24 de Marzo, en la marcha por la memoria bailando, implica mucho más que una forma artística u ornamental. Implica comprometer el propio cuerpo en representación de esa memoria.
Reivindicar la cultura Afroamericana, cultura de pueblos que también fueron exiliados, silenciados, desaparecidos, y forzados a abandonar sus creencias y expresiones culturales, tomando sus elementos simbólicos para relatar nuestra petición de memoria, es la forma que elegimos. Y la instancia de salir a la calle, en la importancia del espacio público, en la posibilidad del encuentro con los otros, en esa exigencia de justicia, en esa construcción de identidad colectiva constante, es absolutamente movilizador, es la experiencia de pasar por la carne todo eso. Y todo eso sustenta el porque marchar bailando.
Cintia Dattoli

Camino por Avenida de Mayo, con el surdo colgado de la cintura. Camino codo a codo con mi gente querida, mis amigos, esa gente distinta de mí con la que me encuentro en la música, mi idioma universal. Camino hasta la plaza pensando en mi enojo de éste año, mi enojo por ser un país eternamente dividido y sumergido en discusiones de formas, un país que va perdiendo de vista la meta principal de unirse detrás del fin común para poder, alguna vez, ganarles a las botas y a la hijoputez que siempre tira bombas para dividirnos. Bombas que en vez de esquivar, atajamos y hacemos nuestras, bombas que sembramos entre nosotros mismos y hacemos estallar en cada absurda discusión partidista. Y mientras voy perdida en mis pensamientos, se abre la marcha y aparece la bandera de las treintamil caras, y aparecen ellas, con sus pañuelos blancos en la cabeza, soñando sin esperanza con encontrar entre todas las caras de la plaza la cara de sus hijos perdidos, caminando despacio pero sin descanso desde el mismísimo día en que los vieron partir en algún Falcon nefasto. Se me hace adentro un silencio mientras rajo el tambor a golpe de maza para que nunca, nunca, nunca más.
Eso es lo único que interesa en este 24 de marzo…
Yanina Martul

Hace 3 años, el 24 de marzo de 2006, asistí junto a mi familia, a la marcha para recordar los 30 años del más sangriento y terrible golpe militar que sufrió nuestro país.  No sabíamos junto a qué agrupación marchar, hasta que escuchamos un sonido de percusión que nos atrajo, y al alcanzarlo leí una frase que me hizo estremecer: "TAMBORES EN LUCHA". Así conocí a La Chilinga.
Este 24  de marzo, 3 años después, tuve el orgullo de llevar puesta la remera con esa frase y de hacer sonar mi tambor, junto a mis compañeros, para colaborar a que no se cierren los oídos de nuestra sociedad y puedan escuchar el reclamo de justicia y paz de los que de verdad luchamos cada día por un país mejor.
Gracias por dejarme ser parte de esto.
Horacio Solimano

De la marcha me queda un latido, algo en el pulso que marca el andar colectivo. Me atravesó la tarde, la avenida mayor, un destino como una casa de gobierno. No me llevo de esta marcha la furia de un reclamo vigente, discursos luminosos, palabras, casi estallidos. Pasión por la justicia. Siento la ausencia, la de los que desaparecieron y de los que desaparecen cada día, cada tarde, cada noche en silencio, con el silencio de todos.
Cuando golpeo el tambor, también me estoy llamando.
Victoria García Astelarra

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El Choque Urbano

La Nave y de cómo navegar en tierra firme
Existía la costumbre, en la edad media, de encerrar a aquellos anormales, locos, diferentes, en barcos y lanzarlos a la deriva. En su nuevo espectáculo el choque urbano se inspira en esa costumbre y se sube, entero, a la nave para dar rienda suelta a su locura. Una embarcación definitivamente diferente.
Lejos de ser simplemente una demostración de cómo hacer música con tachos, esta nave se transforma en un viaje. Un viaje donde los toneles, bolsas y palos, son las velas necesarias para propulsar esta embarcación a la deriva. Y si la música es propulsión, es la actuación lo que navega este barco. Así, movimiento, sonido y color se conjugan para crear, justo en el medio de la sala, a la nave y su tripulación; con todo lo que uno puede esperar de la vida en altamar.

Uno, que tiene el corazón percusivo, no puede dejar de ver, en el barco, una clara metáfora de un ensamble de percusión. Como un barco avanza a través de la tormenta, un bloque de batucada atraviesa mares de gente en un carnaval. Con toda su tripulación tocando junta, para generar la música que lo lleve a buen puerto. Como el ensamble de percusionistas, una embarcación, solo se mantiene a flote, por el trabajo en conjunto de sus tripulantes. Tal vez por eso, más que por ninguna otra cosa la nave del choque llega a su destino y es recibida con un aplauso.

 

 

 

QUIENES SOMOS? Reservados todos los derechos - Buenos Aires - Argentina - 2008